Mitos sobre la masturbación

Mitos sobre la masturbación

Les voy a contar una triste historia. Es una historia triste porque hasta hace no mucho descubrí que la masturbación no debía ser vista como algo negativo. Por supuesto, este conocimiento llegó por accidente, o mejor dicho, tras convivir con personas que venían de un contexto distinto al mío.

No quiero señalar un culpable directo porque considero que es un problema multifactorial. La iglesia, por ejemplo, señala a la lujuria como un pecado, pero no siempre nos enseñan a marcar la línea entre la lujuria y el deseo por alguien que me gusta o que quiero. En casa, los padres tienen pena de hablar sobre el descubrimiento del placer por miedo a que éste se busque conscientemente y con tanta frecuencia como si fuera una adicción. Debemos sumar también algunos dichos que se les dice a los niños pequeños para que dejen de tocarse, como que les van a salir pelos en las manos.

Sí, ahora parece gracioso, pero en el momento o te sientes pecador, sucio o culpable por sentir cosquillas por alguien más o por imaginar que podrías estar compartiendo la cama con alguien que te gusta. Y por si fuera poco, en distintos medios audiovisuales siempre se ve el placer como un acto compartido. Entonces, parece que el que me guste tocarme mientras fantaseo no tiene lugar en este mundo.

El primer mito que debemos derrumbar es que es una práctica mala. La masturbación, por el contrario, es una práctica sana y natural. Sí puedes ser tu propio proveedor de placer, ya sea que lo hagas con tus manos o que utilices algún juguete. Puedes disfrutar ya sea recordando una experiencia previa o fantaseando alguna otra situación. Deja que tu mente haga el trabajo creativo y que tu cuerpo se encargue de sentir.

El segundo mito es que necesitas compañía. Descubrir cómo te sientes cómoda, que ritmo te gusta seguir y hasta dónde sientes más es útil no solo para poder guiar a tu pareja en la intimidad, sino para autodescubrirte. Además, es justo poder disfrutar sin la necesidad de recurrir a otras personas. Yo, al menos, creo que buscar quién te quite las ganas un rato conlleva más riesgos que disfrutar contigo y tus fantasías.

El tercer mito tiene que ver con la privacidad. Recuerda que la masturbación es una práctica que no hace daño, pero que debe hacerse en un lugar en el que te sientas cómoda y que consideres privado. No te lo digo porque sientas que te pueden descubrir pecando, sino porque creo que es importante no sentir que tienes prisa o que pueden interrumpirte y frenar tu tiempo contigo.

El cuarto mito es que puedes usar lo que sea. NO, POR FAVOR. No uses cosas y mucho menos introduzcas comida en tu vagina. Tu cuerpo merece higiene. Si vas a usar tus manos, usa jabón neutro para lavarlas; si usarás juguetes sexuales, asegúrate de que estén limpios. De ser necesario un lubricante, investiga para ver cuál te conviene basándote en cómo lo harás (puedes leer un poco más sobre lubricantes en este link).

El quinto tiene más que ver con que hemos asociado mal la palabra masturbación con la penetración (anal o vaginal), sin embargo, no TIENE que haber tal. Mientras haya excitación, la masturbación puede ser el conjunto de caricias que te haces (ya sea con las manos o recurriendo a otros objetos).  

 

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